La Serie Mundial

Entramos en contacto a través de una popular aplicación de celular para solteros. Desde el principio, nuestras conversaciones en línea fluían con naturalidad y me parecía haber encontrado a alguien muy especial: inteligente, culto, sensible y guapo, acorde con su foto de perfil.

 

En la víspera de año nuevo nos mantuvimos en línea para enviarnos felicitaciones a las 12 de la noche en punto. Esto me hizo sentir como cuando una adolescente dice que llegó a primera base después de una cita.  Pronto empezó a enviarme besos y no tardé mucho en hacer lo mismo. Habíamos llegado a segunda base.

 

Compartíamos nuestras actividades cotidianas y hasta tuvimos algunas diferencias de opinión que podrían considerarse discusiones comunes de pareja, pero en línea. Trataba de contentarme con imágenes de flores exóticas y hermosas poesías. Las reconciliaciones me sabían a tercera base.

 

El brillo singular de la primera luna llena del año fue motivo para intercambiar docenas de fotos tomadas desde nuestras respectivas ubicaciones. Desafortunadamente por alguna razón desconocida dejé de recibir sus  mensajes,  así que fue imposible cruzar la última base.

 

Sin embargo, extrañarlo tanto cada vez que veo llena la luna, es como si me hubiera ganado La Serie Mundial.

 

© Maria Gomez, 2015


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